Etapa Lactante de 0 a 2 años

Esta es una época definitiva para la futura salud del niño en sus distintas etapas del desarrollo. La niñez es como la base de un edificio, si esta es sólida, el edificio puede terminar con muchos pisos y con gran firmeza. Si no lo es, probablemente no resista tantos pisos y tenga algún inconveniente con los temblores o los terremotos. Esto lo sabe cualquier ingeniero de construcción.

En la vida real es lo mismo. Si la niñez, especialmente los dos primeros años transcurren sin enfermedad, lo más posible es que de ahí en adelante la salud del niño continúe sin inconvenientes, si hay alguna enfermedad en esta época y no se controló a tiempo, probablemente el niño tenga problemas, al menos en su siguiente etapa del desarrollo, o sea en la edad del prescolar.

Por eso, queridos padres, es mejor pecar por exceso que por defecto. Ante la duda, pregunten una y otra vez a su pediatra o pidan una segunda opinión.

Programa Lactante de 0 a 2 años

Etapa Pre-escolar de 3 a 6 años

Esta es la época de las infecciones respiratorias en los jardines, de los ronquidos nocturnos, de las otitis, sinusitis y de los primeros ronco-espasmos. Pero también se hacen evidentes ciertos problemas que el niño viene arrastrando desde sus primeros dos años, por ejemplo, síntomas de mala digestión, dermatitis, rinitis y problemas de peso.

Es una época clave para corregir cualquier situación clínica que se hay hecho recurrente. También es una época para detectar cualquier anomalía en el desarrollo neurológico, tanto en la parte motriz como intelectual. Aunque el autismo se puede detectar antes de los dos años, esta es la época en que pueden hacerse evidentes muchos casos. El déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es otro problema muy común que se puede prevenir y controlar a tiempo, justo en esta edad.

Programa Pre-escolar de 3 a 6 años

Etapa Escolar de 7 a 12 años

En esta época de la vida se hacen evidentes el TDAH, el asma, la rinitis se puede consolidar, afortunadamente la dermatitis tiende a mejorar o a desaparecer completamente. Los trastornos digestivos que sufrió el niño en sus primeros años también tienden a mejorar, pero no del todo. Suelen persistir ciertos síntomas de mal digestión como estreñimiento y mal aliento.

En esta época es común que se haga presente la gastritis, problema que se puede comprobar con endoscopia digestiva. Algunos casos de esofagitis eosinofílica.

Un problema importante que los padres no pueden descuidarlo es la pubertad precoz. El primer síntoma que debe llamar la atención es el mal olor en las axilas, problema conocido como adrenarca.

Programa Escolar de 7 a 12 años

Etapa Pre-puber y Adolescente de 13 a 18 años

La salud integral del prepúber y del adolescente es el resultado de las condiciones de la esfera mental y física que hasta el momento el niño haya tenido. La esfera mental tiene dos componentes, el emocional y el neurológico propiamente. En el componente emocional pueden  aparecer enfermedades como depresión, ansiedad, bipolaridad, adicciones, bulimia y anorexia nerviosa. En el componente neurológico pueden aparecer migrañas, insomnio y TDAH.

En esta época es común que se haga presente la gastritis, problema que se puede comprobar con endoscopia digestiva. Algunos casos de esofagitis eosinofílica. Un problema importante que los padres no pueden descuidarlo es la pubertad precoz. El primer síntoma que debe llamar la atención es el mal olor en las axilas, problema conocido como adrenarca.

Programa Prepúber y Adolescente de 13 a 18 años

Descripción de las enfermedades o problemas clínicos importantes de la población infantil:

hasta hace poco el acto de devolver el contenido gástrico en las primeras semanas o meses de vida se conocía como reflujo gastroesofágico. Hoy el nuevo consenso médico le llama regurgitación. Yo le sigo llamando reflujo gastroesofágico. Las mamás están más familiarizadas con este último término. Lo usual es que se presente en los primeros días o semanas de vida y que desaparezca después de esta edad, pero el criterio convencional afirma que pueden persistir normalmente hasta el año de edad, aproximadamente. También sostiene que es un evento normal sin ninguna repercusión clínica, sin embargo, todos o casi todos los niños que sufren este problema continúan de manera indefinida con síntomas de mala digestión y en algún momento desarrollan alergias de piel o de las vías respiratorias, indicando de una manera indirecta que son presagios de problemas posteriores.

Las causas, desconocidas en parte, se relacionan con intolerancia a las proteínas de la leche de fórmula, eventualmente a las de la propia de la leche materna y sobre todo, a la dieta de la madre, cuando esta amamanta al bebé.

La definición del consenso médico de Roma IV es la siguiente:

  1. Inicio y fin de los síntomas antes de los cinco meses de edad
  2. Episodios recurrentes y prolongados de llanto, queja o irritabilidad, referidos por los cuidadores, que ocurren sin causa aparente y no pueden ser prevenidos ni resueltos por los mismos
  3. Sin evidencia de fallo de medro, fiebre o enfermedad

Pero para llevar a cabo trabajos de investigación debe cumplir otros criterios clínicos, además incluir los anteriores.

La definición por consenso es un tanto rígida y no abarca el problema real como los pediatras lo vemos en el consultorio. En realidad, el cólico tiene un amplio rango de intensidad, va desde un síntoma muy leve y eventual con pujos, hasta llanto incontrolable con quejido.

Sus causas, desconocidas en parte, son las mismas que las del reflujo gastroesofágico, por esta razón mejora con la reprogramación nutricional a la madre o con el cambio de fórmula al bebé. Por cierto, casi todos los niños que tienen reflujo gastroesofágico como síntoma principal, tienen algo de cólico y casi todos los niños que tienen cólico como síntoma principal, tienen algo de reflujo gastroesofágico, hecho que de manera indirecta confirma que puede ser el mismo problema con dos caras diferentes.

.

El signo clínico de heces flojas o diarreas frecuentes se asocia comúnmente a intolerancias alimentarias. Inicialmente suele ser a las proteínas de la leche de vaca solamente, pero en la medida en que esta no sea corregida, la intolerancia puede ser múltiple. Es decir, a otros alimentos.

La consistencia de las heces varían de blandas, flojas hasta líquidas y en número variable durante el día. Por lo general el niño defeca 3 veces o más al día. Las heces flojas por lo general no son tenidas en cuenta por los padres como un problema de mala digestión.

Una característica común de este tipo de defecaciones es las heces lientéricas, que para el consenso médico pueden ser normales. Consiste en la presencia de alimentos sin digerir en la materia fecal.

Tratamiento: suprimir de la dieta del niño la fórmula convencional por una especial o suprimir de manera indefinida, todo tipo de lácteos. Si hay intolerancia a uno u otro alimento diferente a la leche de vaca, el niño mejora al suprimir la leche, pero no completamente. En este caso, el pediatra, con la ayuda de los padres debe investigar cual o cuales alimentos están involucrados para omitirlos de manera indefinida, según el criterio médico.

Estos conforman un montón de problemas clínicos, que según el criterio convencional no son causados por daños orgánicos que se puedan comprobar. El mismo reflujo gastroesofágico o la regurgitación y el cólico del lactante hacen parte de ellos. El criterio convencional los ha agrupado por edades. En el neonato y en el niño pequeño son los siguientes.

  1. Regurgitación del lactante. Considerado solamente en el primer año de edad
  2. Síndrome de rumiación: Puede aparecer en los primeros años de vida o en cualquier momento hasta la adolescencia. El niño literalmente rumia, devuelve el alimento hasta la boca, lo remastica y lo vuelve a deglutir
  3. Síndrome de vómitos cíclicos. Puede aparecer en los primeros meses o años de vida y como su nombre lo dice, son vómitos, aparentemente sin causa desencadenante
  4. Cólico del lactante. Se considera solo en los primeros 4 meses, aproximadamente. Pero he visto casos hasta los dos años de edad
  5. Diarrea funcional. Puede aparecer desde los 6 meses hasta los 4 o 5 años de edad. Duración varias semanas y aparentemente no afecta el estado de salud del niño
  6. Disquecia del lactante: Llanto, gritos, esfuerzos y enrojecimiento facial durante varios minutos, usualmente de 10 a 20, cuando el lactante intenta defecar
  7. Estreñimiento funcional. Le llamo así al hecho de que el niño no defeque todos los días. La definición convencional es diferente.

Los trastornos gastrointestinales funcionales del preescolar hasta la edad del  adolescente son los siguientes.

  1. Trastornos de náuseas y vómitos funcionales. Ya descrito anteriormente
  2. Síndrome de vómitos cíclicos. Ya descrito anteriormente
  3. Náuseas funcionales y vómitos funcionales. Ya descrito anteriormente
  4. Síndrome de rumiación. Ya descrito anteriormente
  5. Algo semejante a tragar aire para volverlo a eructar
  6. Trastornos de dolor abdominal funcional. Es quizá el TGIF más común y el que más llama la atención a los padres. Suele ser intermitente
  7. Dispepsia funcional: puede aparecer en el prepúber, pero es más frecuente de la adolescencia en adelante. Se caracteriza por dolor o malestar después de las comidas, especialmente el almuerzo
  8. Síndrome de intestino irritable: dolor abdominal bajo que suele aliviar con la defecación. Tiene tres presentaciones: variedad diarrea, variedad estreñimiento y mixto. Muy frecuente de la adolescencia en adelante y más común en el sexo femenino
  9. Migraña abdominal: dolor abdominal intenso sin causa aparente, que dura de 24 a 72 horas
  10. Dolor abdominal funcional: dolor abdominal al menos dos veces por semana y un tiempo de evolución de dos meses. Por lo general es de leve a moderado e intermitente. No tiene causa aparente
  11. Estreñimiento funcional: bolo fecal grande y de consistencia dura y no defeca todos los días

Le llamo disfunción intestinal al mal funcionamiento del intestino. No es una enfermedad, es un conjunto de signos y síntomas que reflejan claramente mala digestión.

La literatura médica ha descrito a la disfunción entérica ambiental como un problema intestinal de los niños durante sus primeros años de vida, casi propio de los estratos socioeconómicos bajos en los países en vía de desarrollo. Su origen no está claro todavía, pero se presume que sea por una mala higiene combinada con malnutrición. Las consecuencias más importantes son la desnutrición y las diarreas intermitentes o crónicas.

El problema es que un cuadro clínico similar al anterior lo podemos apreciar, justo en cualquier estrato social y en cualquier país, causado por la disfunción intestinal.

Los síntomas de mala digestión pueden estar presentes tan temprano como en los primeros días de vida del recién nacido y de ahí en adelante en cualquier época del desarrollo del niño, siendo mucho más graves en los primeros 3 años de vida.

Algunos síntomas persisten indefinidamente, otros desaparecen en los primeros meses o años de vida y en la medida en que la edad del niño avanza aparecen otros. En términos generales, los síntomas más comunes de mala digestión o de disfunción intestinal son los siguientes:

  1. Reflujo gastroesofágico o regurgitación
  2. Cólico del lactante
  3. Hipo frecuente
  4. Eructos fuertes
  5. Mal aliento
  6. Dolor abdominal
  7. Heces fétidas
  8. Flatulencia
  9. Distención abdominal
  10. Heces flojas o diarreas intermitentes
  11. Heces duras o estreñimiento
  12. Alimentos sin digerir en la materia fecal
  13. Inapetencia crónica o intermitente

Su causa principal: intolerancia alimentaria, especialmente a las proteínas de la leche de vaca.

Se caracteriza básicamente por picazón y congestión de la nariz. Suele haber moqueo y estornudos frecuentes, especialmente en las mañanas. Esta es la presentación clásica. Pero hay otra forma de presentación clínica que solo produce congestión o dificultad para respirar con poca picazón o no la hay en absoluto y como es lógico, hay formas mixtas.

La rinitis puede empezar tan temprano como desde las primeras semanas de vida, por esta razón muchos recién nacidos estornudan con frecuencia, hacen ruido nasal al respirar y su nariz se nota congestionada y con moco. Algunos roncan mientras duermen o cuando lloran al hacer la inspiración.

Los niños de pocos meses de edad no son capaces de rascarse la nariz. Lo hacen desde los 6 meses, aproximadamente, en adelante.

Se asocia al reflujo gastroesofágico, sea este visible o no para los cuidadores o para los padres del niño. Por consiguiente, la rinitis de inicio temprano mejora cuando mejora o se cura cuando se trata el reflujo gastroesofágico, que con frecuencia se hace después de los 4 meses de edad, aproximadamente.

Algunos niños, sin embargo, se quedan con este problema y de manera progresiva, continúan con cierta dificultad para respirar por su nariz,

La rinitis que acabo de describir es la de presentación temprana. Pero la rinitis, clásica, puede aparecer en cualquier momento de la vida, incluso en la vejez. Es común que aparezca en los 7 años de vida.

El tratamiento debe tener dos componentes:

Reprogramación nutricional: en mi opinión, todos o casi todos los casos de rinitis en los primeros años de vida se relacionan con problemas de mala digestión, por ejemplo, con el reflujo gastroesofágico. Algunos casos de rinitis se asocian a síntomas de mala digestión y otros a ambientes irritantes o alergénicos.

Tratamiento farmacológico: hay consensos convencionales que han establecido protocolos, pero también hay distintos métodos no convencionales que han sido probados como efectivos. Yo utilizo los últimos.

Es una enfermedad cada vez más frecuente. Puede presentarse tan temprano como en las primeras semanas o meses de vida y casi la totalidad se hace presente en los primeros dos años de vida. Es causada por varios virus respiratorios entre los que sobresalen el Sincitial respiratorio y el rinovirus.Los síntomas iniciales son iguales a los del resfriado común, con tos, moqueo, frecuentemente con fiebre, pero no necesariamente. Después de unos pocos días, por lo general al tercer día, la tos se intensifica y aparece la dificultad respiratoria con silbido en el pecho y el niño se aprecia incómodo y cansado. Un porcentaje importante termina hospitalizado. Algunos casos hacen infecciones bacterianas como complicaciones.

Según el criterio convencional, al menos la tercera parte de los niños que sufren bronquiolitis, especialmente si estos fueron hospitalizados, sufrirán asma en los primeros años de vida.

Los factores de riesgo en mi opinión, son los siguientes:

  1. Niño prematuro
  2. Hermano que asiste a jardín
  3. No ser amamantado con leche materna
  4. Reflujo gastroesofágico
  5. Déficit inmunológico traído desde la gestación
  6. Rasgos atópicos, por ejemplo, dermatitis y rinitis
  7. Padres alérgicos

El tratamiento convencional se limita a la hidratación adecuada y en los casos complicados al uso de Palivizumab y al soporte ventilatorio en el hospital. Mi experiencia ha sido muy positiva con medicamentos homeopáticos. En tantos años de ejercicio profesional, las hospitalizaciones han sido excepcionales.

La dermatitis atópica puede aparecer tan temprano como en los primeros 6 meses de edad y el 50% de los casos se presenta en el primer año de vida. Afecta aproximadamente del 10 al 30% de los niños en sus primeros años.

Las presentaciones clínicas son las siguientes:

  1. Brotes y resequedad en la cara y en el tórax
  2. Eccemas en parches en cualquier parte del cuerpo, especialmente en los pliegues del antebrazo y poplíteos
  3. Piel áspera, reseca, especialmente en el cuello, tórax y extremidades. A veces abdomen y espalda

En toda la niñez y de manera especial en los primeros años de vida, la causa principal es una alergia a las proteínas de la leche de vaca, pero en teoría puede ser a cualquier alimento.

En general, tiende a desaparecer después de los 4 o 5 años de edad, tiempo en que suele superar la intolerancia alimentaria, pero a veces se vuelve crónica. En los primeros años de vida suele ser de aparición intermitente y las infecciones respiratorias suelen agravarla o hacer que vuelva a aparecer.

En el adolescente y en el joven adulto las dermatitis también tienen una estrecha relación con los comestibles no saludables y en general, con los malos hábitos alimenticios.

Los síntomas que lo caracterizan son los siguientes:

  1. Hiperactividad
  2. Déficit de atención
  3. Impulsividad

Según los criterios convencionales, el diagnóstico de certeza del TDAH debe hacerse alrededor de los 6 a 7 años de edad; pero tanto los padres como los pediatras lo podemos sospechar desde los primeros años de vida. El síntoma que llama la atención en todo momento es la hiperactividad. El niño no es capaz de estarse quieto, se mueve en todo momento, hace una y otra cosas, se sube y se baja de los asientos, habla a veces sin un propósito definido, pregunta una y otra vez, no obedece las ordenes de mamá, parece sordo, es impulsivo, no difiere el deseo y es ansioso.

El déficit de atención es detectado cuando las actividades académicas empiezan a exigir un mayor nivel de concentración y eso sucede frecuentemente en los primeros años de la vida escolar.

Para hacer un diagnóstico temprano debe descartarse primero problemas de crianza, por ejemplo, niño sobreprotegido y manipulador, falta de autoridad de los padres, padres ausentes, crianza por terceros, hogares disfuncionales, etc.

Los test neurológicos para su diagnóstico no se pueden aplicar en los primeros años de vida, pero es de vital importancia la sospecha clínica temprana, puesto que la intervención oportuna puede revertir el problema. Esa ha sido mi experiencia.

Su prevención es de vital importancia, puesto que el 60% de los casos de TDAH continua como tal a la vida del Adulto, desmejora la calidad de vida del niño y la de sus padres, a futuro, después de la adolescencia, se relaciona frecuentemente con enfermedades psiquiátricas, entre las que figura, la depresión, la ansiedad, la bipolaridad, trastornos de conducta, adicciones y disfunción ejecutiva. Esta última se caracteriza porque la persona la persona no tiene memoria de trabajo ni secuencia lógica para establecer un plan de acción.

Entre todas las actividades que se debe hacer para la recuperación de los niños con TDAH, es un plan de alimentación individual, puesto que muchos de ellos tienen malos hábitos alimenticios y disfunción intestinal, caracterizada básicamente por síntomas de mala digestión.

No hay una definición clara que abarque todos los problemas que puede tener un niño con el TEA. Pero se caracteriza porque el niño no tiene la capacidad de interactuar normalmente en el ambiente familiar y social y no logra comunicarse adecuadamente con los suyos y con los ajenos.

Las destrezas de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de las personas con TEA varían ampliamente. Hay personas con muy altos niveles intelectuales que les permiten una buena capacidad de resolución de problemas y una buena comunicación o adaptación al medio y hay personas con muchas dificultades que ameritan ayuda constante.

Actualmente el trastorno del espectro autista se clasifica en varios tipos, según el cuadro clínico predomínate o el comportamiento y son los siguientes:

  1. Síndrome de Rett
  2. Síndrome de Asperger
  3. Trastorno desintegrado infantil o síndrome de Heller
  4. Trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

Los factores de riesgo que la literatura médica ha descrito son los siguientes:

  1. Antecedentes de familiares cercanos con TEA
  2. Obesidad de la madre durante la gestación
  3. Diabetes gestacional
  4. Edad avanzada de los padres
  5. Enfermedades de la gestante que hayan producido una fuerte reacción inmunológica
  6. Prematuridad
  7. Dieta de la gestante

Además de lo anterior, considero que uno de los factores de riesgo más importantes para que el niño desarrolle un TEA, es la disfunción intestinal en sus primeros dos años de vida (ver disfunción intestinal). No es casualidad que todos los niños que sufren de TEA tienen síntomas de mala digestión.

Tengo la fortuna de haber ejercido mi profesión como pediatra durante 35 años sin un solo caso de trastorno del espectro autista en mis pequeños pacientes, cuando he tomado el control de su salud desde los primeros meses de vida y creo que este resultado se debe a que entre todas las labores que promuevo para la prevención de enfermedades en los primeros meses o años de vida, es el cuidado intestinal del niño. El cerebro en formación de un niño es altamente sensible a la toxicidad que puede producir un intestino con mala digestión.

El mal dormir o los trastornos del sueño se pueden presentar tan temprano como desde los primeros días de vida. De ahí en adelante en cualquier época del desarrollo del niño.

Los síntomas principales son despertares frecuentes, sueño superficial o dificultad para conciliar el sueño.

Las causas son múltiples y varían de acuerdo a la edad del niño, por ejemplo, en los primeros dos años la causa principal, en mi opinión, es el malestar digestivo causado por disfunción intestinal, la que a su vez, suele ser debida a intolerancias alimentarias, entre las que figuran a las proteínas de la leche de vaca.

De los tres años en adelante, sigue siendo la mala digestión una causa importante, incluso hasta la vida del adulto. Pero aparecen otras posibles causas, por ejemplo, si la madre tuvo problemas clínicos importantes durante la gestación. La ansiedad puede ser otra causa y esta puede ser heredada de sus padres o adquirida durante la gestación.

Otra causa importante es el maltrato o la violencia familiar. Todos los ambientes familiares hostiles, tienden a producir enfermedades psiquiátricas en los hijos, pero también trastornos del sueño.

Una ambiente social hostil, como el bullying, el estrés académico, el exceso de actividades del niño, también pueden generar angustia y trastornos del sueño.

Dicho sea de paso, casi todas las enfermedades crónicas también producen lo mismo, por ejemplo, el asma, la dermatitis, las enfermedades intestinales, la obesidad.

Los problemas respiratorios que produzcan obstrucción nasal son causas frecuentes de mal dormir, por ejemplo, la rinitis, la hipertrofia de la hipertrofia de la glándula adenoides en los primeros 6 años de vida y la hipertrofia de los cornetes de la adolescencia en adelante.

Es el caso del niño que nace con buen peso, por lo general más de 3 kilos y en sus controles de crecimiento y desarrollo con el pediatra evoluciona normalmente, pero de pronto en algún momento durante sus primeros años de vida, por lo general antes de los 3, el incremento del peso se detiene y el niño empieza a adelgazarse, a tal punto de llegar a los percentiles más bajos y a veces a la desnutrición.Su causa más importante, nuevamente, es la intolerancia alimentaria, especialmente a las a las proteínas de la leche. Pero hay tres situaciones clínicas diferentes por las cuales se pierde el peso corporal:

Primero: Inapetencia crónica o intermitente: es el caso del niño que come poco o a veces come bien pero otras veces no o cada vez come una menor cantidad. Este niño pierde peso por falta de ingesta o inapetencia crónica.

Segundo: Diarrea o heces flojas: Este niño tiene diarreas crónicas o intermitentes o simplemente, heces flojas con alimentos sin digerir en la materia fecal. Por lo general defeca 3 o más veces al día. Pero puede defecar hasta 6 veces al día. Este niño, a diferencia del anterior, come muy bien y a veces en demasía, según la opinión de los padres o de sus cuidadores. Este niño se adelgaza o se desnutre porque pierde alimentos en su materia fecal.

Tercero: La tercera presentación clínica es una mezcla de las dos anteriores. En este caso es usual que las heces del niño tengan una consistencia en bolitas duras, pero a veces fojas o casi líquidas y el apetito sea variable. A veces come muy bien y a veces no y es menos usual que en la materia fecal haya alimentos sin digerir. .

La inapetencia puede ser falsa o verdadera. La falsa se caracteriza porque el niño conserva su peso normal, pese a que según la madre “come muy poco o no come nada”. Aquí se presentan varias situaciones: Una es que el niño esté recibiendo un número de biberones de coladas o de leches de fórmula, que supera la capacidad digestiva del niño. En este caso, el niño no come porque se mantiene lleno a toda hora. Un problema similar es el del niño que asiste a guardería o jardín y su media mañana es una porción exagerada de comestibles, que no alcanza a digerir hasta el momento de su almuerzo. Este niño se muestra inapetente porque su estómago todavía está lleno. Si a media tarde se repite un proceso similar, el niño tiene una falsa inapetencia por un exceso de comida.

La verdadera inapetencia se presenta a cualquier edad, pero es más frecuente en los primeros 6 años de vida y cuya causa principal la gastritis aguda. Siempre he dicho que un niño con inapetencia intermitente o crónica tiene una gastritis hasta que no se demuestre lo contrario. Y otra vez, la causa principal es la intolerancia alimentaria, especialmente a las proteínas de la leche de vaca o de fórmula.

El índice de masa corporal es una medida que ha sido establecida para cuantificar la obesidad en el adulto, pero no es un índice confiable para el sobrepeso o la obesidad del niño.

Es un poco difícil hablar de obesidad en los primeros años de vida. Por lo general se habla de sobrepeso. Pasados los primeros estos años se define como sobrepeso cuando el índice de masa corporal está por encima de 25 y menor de 30 y obesidad por encima de 30. Pero muchos niños con sobrepeso tienen un índice de masa corporal normal, especialmente aquellos con obesidad abdominal, por ejemplo, muchos niños que se aprecian “barrigones” o con pliegues de grasa abdominal por un exceso de grasa y tienen un índice de masa corporal normal.

La causa es una relación desequilibrada entre la cantidad de calorías que el niño consume y la cantidad de calorías que gasta en su actividad física. En palabras sencillas, si el niño o el adolescente comen más de lo que gasta en calorías, tarde o temprano se volverá obeso. Sin embargo, las causas primarias de obesidad en los niños y adolescentes pueden ser completamente diferentes a la relación gasto y consumo y pueden ser diferentes en cada etapa del desarrollo del niño, por ejemplo, en la primera infancia, los factores que incrementan el riesgo de obesidad son los siguientes:

  1. Peso de nacimiento
  2. Herencia paterna
  3. Estilo de alimentación del niño, por ejemplo, exceso de coladas
  4. Consumo de leche de fórmula en vez de materna
  5. Uso de antibióticos, especialmente en los dos primeros años de vida

De la edad escolar en adelante, los factores de riesgo para obesidad son los siguientes:

  1. Exceso de comidas tipo rápido
  2. Consumo de fructosa en comestibles industrialmente preparados
  3. Consumo exagerado de alimentos ricos en carbohidratos refinados
  4. Falta de fibra en dieta cotidiana
  5. Padres permisivos y niño manipulador
  6. Malos hábitos de alimentación de los padres
  7. Sedentarismo o falta de actividad física intensa y regular

Falta de conocimiento y de conciencia por parte de los padres.

Se denomina así, a las complicaciones que sufre el niño por culpa del reflujo gastroesofágico. Estas complicaciones suelen ser las siguientes:

  1. Otitis y sinusitis recurrentes
  2. Infecciones respiratorias recurrentes
  3. Amigdalitis recurrentes
  4. Hipertrofia de la glándula adenoides
  5. Asma
  6. Esofagitis eosinofílica

Los niños que sufren enfermedad por reflujo gastroesofágico por lo general han sufrido regurgitación o cólico en las primeras semanas o meses de vida.

El diagnóstico se hace cuantificando el nivel de reflujo gástrico al esófago, con la prueba de Ph metria o con un trago de bario.

La causa principal del reflujo gastroesofágico en los niños, otra vez, es la intolerancia a las proteínas de la leche. Eventualmente pude ser cualquier alimento.

Hay varias definiciones, pero en general se acepta que infección respiratoria recurrente es cuando un niño de 2 a 3 años sufre una infección respiratoria del tracto respiratorio alto, al menos 6 veces o una infección del tracto respiratorio bajo o bronquitis, al menos 2 veces por año. El intervalo entre cada 2 infecciones debe ser de 7 días.

Las complicaciones más frecuentes son las siguientes:

  • Otitis y sinusitis
  • Bronconeumonía
  • Hipertrofia de la glándula adenoides
  • Asma

La cuarentena ha ratificado que los niños en casa no se enferman de infecciones, como lo hacen cuando asisten a guardería o jardín. Esto se debe a la facilidad de contagio entre un grupo numeroso de niños. Sin embargo, la causa no es el jardín ni la guardería, es el déficit inmunológico que ahora tienen muchos niños en sus primeros años de vida. Es el mismo déficit que también lo hace alérgico. Un niño con un sistema inmune normal no hace infecciones respiratorias recurrentes en la guardería ni el jardín.

Este concepto es importante entenderlo, puesto que el niño que no asiste a guardería o jardín no sufrirá infecciones respiratorias recurrentes, pero su proceso alérgico continuará indefinidamente. Las expresiones clínicas más frecuentes de la alergia respiratoria son la rinitis y el asma.

Las complicaciones bacterianas de las infecciones virales son las causas más frecuentes del uso frecuente de antibióticos en los primeros años de vida.

Los tratamientos convencionales se basan en antipiréticos, descongestionantes, antihistamínicos, antitusígenos y expectorantes. Los tratamientos que yo manejo pertenecen al grupo de la homeopatía. Son inocuos, efectivos y previenen complicaciones.

Se define como infección bacteriana del oído medio y de los senos paranasales. Son las dos causas más frecuentes del uso habitual de antibióticos en pediatría.

En algunas estadísticas (Estados Unidos), por ejemplo, al menos un episodio de otitis media aguda se observa en el 60 al 80 % de los niños durante su primer año de vida y en el 80 al 90 % de los niños entre los 2 y los 3 años de edad. Otras investigaciones han encontrado que al menos el 85% de los niños hacia los 3 años de edad, han sufrido un episodio de OMA. Un estudio llevado a cabo en Canadá, de 502 casos de padres encuestados, 161 (32%) reportaron que sus hijo tuvieron un episodio de OMA en los últimos 12 meses. Y en promedio, un niño experimentará 4 episodios de OMA durante los primeros 6 años de vida. No obstante, su prevalencia varía de región a región.

Los datos del Ministerio de Trabajo y Protección social en Colombia  demuestran que las infecciones respiratorias agudas conforman la primera causa de consulta médica (30 a 40%). De ellas, un alto porcentaje se complican con OMA. No existen estadísticas nacionales que den a conocer la prevalencia y la incidencia de la OMA en Colombia.

La prevalencia de sinusitis aguda quizá sea más alta que la del la otitis media aguda, puesto que el funcionamiento y la distribución anatómica de un seno paranasal es semejante a la del oído medio y un alto porcentaje de las otitis media aguda es secundario a una sinusitis aguda. Es decir que se infecta primeros los senos paranasales y como complicación posterior, se infecta el oído medio.

Las causas directas son varias bacterias, pero los factores de riesgo son los siguientes:

  1. Infecciones respiratorias de origen viral
  2. Reflujo gastroesofágico
  3. Rinitis alérgica
  4. Hipertrofia de la glándula adenoides
  5. Inmunodeficiencia

El tratamiento convencional se basa en el uso de antibióticos y por supuesto, en el tratamiento de los problemas adicionales. Yo hago lo mismo, excepto que uso medicamentos homeopáticos en vez de antibióticos. Tengo la feliz experiencia de tener uno de los mejores records del mundo en el tratamiento de estas infecciones, sin el uso de antibióticos.

La vaginitis se caracteriza por flujos e inflamación de la vagina. La vaginitis inespecífica se produce por distintas bacterias. En cambio, la vaginitis con flujo fétido y con olor a pescado, se llama vaginosis y es más frecuente en la adolescente o en la mujer joven, pero puede presentarse desde la edad escolar en adelante. La vaginitis inespecífica se puede presentar en todas las épocas de la niñez. Es más frecuente de la edad de la preescolar en adelante. Se caracteriza por enrojecimiento crónico de la vagina con picazón y a menudo flujo que puede ser de mal olor o sin olor.Factores de riesgo:

  1. Rinitis
  2. Infección respiratoria aguda o resfriado común
  3. Sinusitis aguda
  4. Estreñimiento
  5. Diarrea
  6. Mal funcionamiento del colon

Los problemas respiratorios anotados en esta lista implican inflamación aguda o crónica de las vías respiratorias altas. Esta inflamación puede transferirse por la sangre desde la nasofaringe hasta el tracto genitourinario, donde hace lo mismo: inflama. Por eso es común que una niña o una adolescente con rinitis o resfriado o sinusitis, simultáneamente tengan flujo vaginal con picazón y a veces ardor para orinar.

Los últimos tres puntos de la lista anterior reflejan un mal funcionamiento del colon, el cual afecta el microambiente de la vagina. El estreñimiento también afecta el vaciamiento de la vejiga, lo cual promueve infecciones urinarias. Por cualquiera de las razones, diarrea, heces flojas o estreñimiento, las niñas o las adolescentes pueden hacer flujos o infecciones urinarias.

En línea con los conceptos anteriores, de la adolescencia en adelante es común que la mujer que sufre síndrome de intestino irritable o estreñimiento, sufra las dos condiciones clínicas a la vez: flujos vaginales crónicos e infecciones urinarias. La vaginitis en la niña por sí misma es un factor de riesgo para infecciones urinarias.

El tratamiento convencional se basa en el uso de antibióticos. Pero el tratamiento definitivo a mediano y largo plazo de la vaginitis y las infecciones urinarias recurrentes, es la corrección de los problemas inflamatorios de la nasofaringe y el mal funcionamiento del colon. Quizá el paciente deba usar algunos medicamentos para el problema respiratorio y un plan de alimentación individual, para los problemas del colon. 

La depresión crónica es una de las enfermedades mentales más comunes en la actualidad. Un informe reciente ubica a Colombia por encima del promedio mundial, 4.7 vs 4.4% y según la OMS. En la última década, del 2005 al 2015 la depresión aumentó en 18,4 por ciento y se espera que para el 2020 sea la enfermedad más frecuente en el mundo, por encima de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Con el nuevo estilo de vida del hombre, parece que todo el mundo está en riesgo de sufrir depresión en algún momento, en cuyo caso hasta el 30% podrían volverse situaciones crónicas. Rasgos menos graves de la enfermedad son extremadamente comunes a cualquier edad.

La depresión se caracteriza por un estado crónico de tristeza, abandono personal y el peor desenlace puede ser el suicidio. Se calcula que en el año se suicidan entre 800.000 en el mundo por esta causa y el rango de edad más frecuente está entre los 15 y 29 años, pero puede suceder a cualquier edad de ahí en adelante.

La persona que sufre depresión crónica altera las normas de convivencia en el núcleo familiar y pierde la capacidad de un buen desempeño laboral o académico y su instinto de supervivencia. Esta misma persona suele sufrir un estado de ansiedad que puede ser crónico o alternante o a veces combinado con estados de euforia, cuadro clínico llamado bipolaridad. Esto significa que un adolescente o un adulto joven que sufren un estado crónico de depresión, también pueden sufrir de ansiedad y si su estado anímico es cambiante, de bipolaridad. Aunque la nomenclatura médica las clasifica como enfermedades diferentes, sus causas de fondo pueden suelen ser las mismas.

La causa más frecuente de un trastorno del estado de ánimo, según los pacientes adolescentes o jóvenes adultos suele ser la problemática familiar y social. Los hogares disfuncionales, junto con la violencia familiar y el mal trato, sobresalen entre otros motivos. La depresión que se produce por estas causas emocionales es exógena. Sin embargo, la depresión endógena puede ser en un momento dado mucho más frecuente y más grave que la anterior. Algo similar sucede con los demás estados alterados del ánimo.

Las causas de esta última no están en el exterior sino en el interior del paciente y los factores de riesgo más importantes son los siguientes:

  1. Herencia de los padres. Hay una tendencia familiar en la ansiedad, en la depresión y en la bipolaridad
  2. Problemática clínica importante durante el embarazo, por ejemplo, eclampsia, infecciones, parto prematuro, etc.
  3. Estado anímico alterado de la gestante: ansiedad o depresión
  4. Enfermedad crónica, por ejemplo asma, enfermedad autoinmune, acné severo, hiperactividad, obesidad, etc.
  5. Malos hábitos alimenticos

En los tres primeros puntos hay un mensaje epigenético que no se puede evitar. Muchos de nuestros hijos pueden tener un trastorno del estado de ánimo porque lo heredan de nosotros sus padres o porque durante la gestación hubo un problema clínico importante o un estado emocional alterado de la madre. En la generalidad de los casos, este mensaje se expresa como enfermedad, solo si el estilo de vida del niño, del adolescente o del joven adulto, encuentra un medio ambiente emocional o físico, propicio. Este ambiente fácilmente puede ser la enfermedad crónica o los malos hábitos alimenticios. De hecho, los dos últimos puntos de la lista anterior pueden ser factores de riesgo independientes de los anteriores, es decir, que por sí solos pueden producir un estado emocional alterado.

Lo explico de esta manera: El cerebro no es un órgano aislado del funcionamiento de las demás partes del cuerpo y además es vulnerable a las  toxinas producidas por los malos hábitos alimenticios o por una enfermedad, en cuyo caso la obesidad suele ser uno de los problemas causales más importantes.

El problema es que la mayor parte de los jóvenes que sufren depresión crónica, ansiedad o bipolaridad no lo interpreta como una enfermedad mental o culpa a los problemas externos como la causa de su comportamiento. Algo muy diferente a lo que sucede cuando un órgano distinto al cerebro expresa una enfermedad, por ejemplo, cualquier persona puede darse cuenta que está enferma del riñón, del corazón, del pulmón. Pero no es tan sencillo que la gente tome conciencia de que su estado anímico alterado puede ser mental y que puede ser secundaria a la obesidad o a sus malos hábitos alimenticios.

No hacen falta más explicaciones para entender que la depresión crónica es un enorme problema que puede afectar la integridad del ser humano a tal punto, que puede interferir con la conservación de sus principios morales y espirituales. El suicidio y el abandono personal no son propios de una persona emocional y espiritualmente sana.

El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo se caracteriza por irritabilidad crónica, grave y persistente del niño, que a menudo se manifiesta por berrinches frecuentes que no son coherentes con la edad de desarrollo del niño. Puede ser de muy malgenio y agresivo. La literatura médica no encuentra una causa evidente, pero mi experiencia me ha demostrado que puede haber una mixtura de las causas que producen los demás estados anímicos alterados, entre los que se destacan los malos hábitos alimenticios. Lo he comprobado muchas veces con mis pacientes.

El tratamiento de las situaciones exógenas debe ir dirigido a la resolución de las causas, en cuyo caso los padres del adolescente o del adulto joven deben intervenir activamente en pro de un ambiente emocionalmente sano.

El tratamiento de las situaciones endógenas debe estar dirigido a corregir el problema orgánico de base. Si no lo hay, el terapeuta debe sugerir al paciente que practique un estilo de vida saludable, donde el deporte y los buenos hábitos de alimentación, hagan parte importante. 

Los trastornos alimentarios son básicamente tres:

  1. Anorexia nerviosa
  2. Bulimia
  3. Atracones

La anorexia nerviosa se caracteriza por un rechazo consistente a la comida y la bulimia nerviosa por comer de manera compulsiva, a tal punto que sobrepasa de quedar tan lleno que puede vomitar, pero a veces para volver a comer. Se presenta con mayor frecuencia de la adolescencia en adelante pero puede hacerlo antes.

Los atracones son comilonas en exceso y de alguna manera recurrente. La literatura médica considera que son trastornos neuróticos con un componente psiquiátrico importante, sin embargo, más allá de la emocionalidad alterada de estas personas, es frecuente que ellas hayan sufrido distintos problemas de mala digestión o enfermedades intestinales desde los primeros años de vida. Hoy se sabe, por ejemplo, que si el niño sufre intolerancias alimentarias de la primera infancia, las cuales son las causas más comunes de los problemas digestivos, en la edad del prepúber y en el adolescente tiene mayor probabilidad de sufrir trastornos alimentarios como anorexia y bulimia, trastornos de comportamiento como ansiedad y depresión y trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Este descubrimiento nos hace caer en cuenta, que la disfunción intestinal, no solamente es causa frecuente de enfermedades intestinales, sino de enfermedades neuropsiquiátricas. La razón es sencilla. El cerebro es altamente sensible a las toxinas que se escapan de un intestino inflamado.

Todas o casi todas las personas que sufren de anorexia, bulimia o atracones, han tenido problemas previos de mala digestión, de intolerancias alimentarias o de malos hábitos alimenticios. Por lo general, todos ellos son ansiosos y algunos depresivos, especialmente los comedores compulsivos. Estos últimos pueden ser adictos a las comidas tipo rápido y no es extraño que sean obesos.

El tratamiento, como pueden darse cuenta, necesita un soporte psicológico o psiquiátrico, pero también nutricional y d carácter preventivo desde la primera infancia. Muchas niñas dejan entrever la tendencia a la anorexia desde temprana edad. 

El dolor de cabeza en los niños es uno de los más frecuentes con el dolor abdominal, aunque en realidad no debería existir, en un niño sano. Una causa común es la rinosinusitis crónica. Por cierto, también puede ser causa de una flas migraña. Estos problemas neurológicos se alivian, si se trata adecuadamente la rinosinusitis crónica.

Una causa menos frecuente de dolores de cabeza es la hipoglicemia causada por la ingesta habitual de comestibles ricos en azucares y harinas refinadas, especialmente en el desayuno. Pero otras veces es la hipoglicemia de una resistencia a la insulina. Estos pacientes por lo general son obesos o están en sobrepeso y por supuesto, sus dietas son ricas en harinas refinadas y azucares.

Pero en mi opinión, una causa frecuente de dolores de cabeza y migrañas es la disfunción intestinal, causada básicamente por los malos hábitos alimenticios. Estos pacientes se caracterizan por tener síntomas de mala digestión. Muchos de ellos son intolerantes a algunos alimentos. 

Se define como pubertad precoz (PP) a la aparición de caracteres sexuales secundarios a una edad no fisiológica antes de la edad de referencia o esperada. En general, si la aparición de estos caracteres se produce antes de los 8 años en niñas y antes de los 9 en niños y cuando aparecen entre los 8-9 años en niñas y 9-10 años en niños se considera pubertad adelantada, la cual no implica la gravedad clínica de la anterior, pero puede repercutir negativamente en la talla final.

Los caracteres sexuales secundarios en la niña se valoran por el crecimiento de la mama y del vello púbico y en el niño por el tamaño de los testículos. A veces se acompaña de crecimiento de vello axilar  acné leve, seborrea facial y del cuero cabe­lludo y mal olor en las axilas.

Como algo práctico para los padres, dos detalles clínicos pueden predecir la aparición posterior de pubertad precoz: el mal olor en las axilas y el acné facial.

La madurez sexual se valora mediante la escala de Tanner, disponible en los sitios de búsqueda en Google. Su aplicación es un poco difícil para los padres de familia. El origen, según la literatura médica es desconocido casi en su totalidad. Los casos de tumores o enfermedades endocrinológicas que pudieran producir pubertad precoz son escasos.

Cuál ha sido mi experiencia con la pubertad precoz:

Primero: que su prevalencia se ha incrementado en los últimos tiempos, aunque todavía es baja en las investigaciones de los diferentes articulistas. Quizá la mayor parte de lo que creemos sea pubertad precoz solo sean los casos de pubertad adelantada, como lo expliqué anteriormente. Pero igualmente pueden tener repercusiones en la talla y en su sistema endocrinológico.

Segundo: dos signos de alarma que me han parecido importantes son: el mal olor en las axilas y el acné facial. Ambos se relacionan con la producción de andrógenos y puede ser un signo de pubertad precoz o de ovario poliquístico. De hecho, la pubertad precoz puede preceder a la aparición posterior de ovario poliquístico, especialmente si coincide con obesidad.

El mal olor en las axilas antes de los 8 años es un signo clínico que los padres deben tener en cuenta. No es normal antes de esta edad. Este signo clínico lo he visto en niñas que han sufrido procesos inflamatorios crónicos por ejemplo, alergias en cualquiera de sus expresiones clínicas y trastornos intestinales desde la niñez temprana. Es usual que las niñas con pubertad precoz verdadera o adelantada, hayan sufrido en sus primeros meses de vida, cólico del lactante o regurgitación y luego en sus primeros años de vida intolerancias alimentarias y síntomas de mala digestión.

Tercero: el fenotipo corporal de la niña prepúber puede definir en parte la aparición de enfermedades en la adolescencia, por ejemplo, si la niña tiene una constitución delgada, es probable que sufra endometriosis y si su aspecto es robusto, ovario poliquístico. Pero en medicina nada es absoluto. La misma paciente pude sufrir ovario poliquístico, endometriosis y previamente haber tenido pubertad precoz.

El análisis anterior nos hace pensar que en cualquiera de los tres problemas anteriores puede haber, en la generalidad de los casos, tres problemas a la vez: inflamatorio, endocrinológico y metabólico.

El análisis anterior también nos hace concluir que lo más importante es la prevención y esta se relaciona con alimentación saludable, pero de carácter individual, según sus condiciones clínicas y con el control del peso y las alergias.

Recomiendo leer los artículos relacionados con endometriosis y con ovario poliquístico. 

Los estudios en mujeres jóvenes universitaria se ha encontrado que pueden sufrir dismenorrea o menstruaciones dolorosas en más del 50% Y La prevalencia de endometriosis varía según la población estudiada, por ejemplo, como hallazgo durante la esterilización quirúrgica tiene un rango entre 2% al 18%. Pero en mujeres con infertilidad puede estar entre el 5% al 50% y en las laparoscopias por dolor pélvico crónico hasta 28 y 74 %.

La endometriosis es el crecimiento de tejido endometrial, que es el revestimiento interno del útero, en la cavidad pélvica. Puede haber eventualmente crecimiento de tejido endometrial en otras partes del cuerpo, por ejemplo, en la nariz. Al parecer hay una fuga de tejido endometrial por las trompas de Falopio hasta la cavidad pélvica o por la sangre a otros tejidos.

Por qué agrupo a la dismenorrea con la endometriosis, porque la primera suele ser el síntoma inicial e imperecedero de la segunda, incluso, muchas mujeres que sufren dismenorrea ya sufren de endometriosis.

Algo muy interesante es que estos dos problemas se asocian frecuentemente con vaginitis, con infecciones urinarias recurrentes y con dolor pélvico crónico. Este fenómeno se explica por la comunicación inmunológica y neurológica que existen entre todos los órganos genitourinarios de la mujer y los músculos pélvicos. Por eso una mujer con endometriosis suele tener dolor pélvico crónico, vaginosis e infecciones urinarias frecuentes. Algo más, todos estos problemas clínicos en conjunto se relacionan frecuentemente con un mal funcionamiento de colon. La razón es la misma que la anterior, los órganos genitourinarios comparten información inmunológica y neurológica con el colon, de tal manera que si este se inflama, probablemente también se inflamen los anteriores. Entonces no es casualidad que la dismenorrea, la endometriosis, el dolor pélvico crónico, la vaginitis y las infecciones urinarias, se asocien frecuentemente a estreñimiento y a síndrome de intestino irritable. Todo concuerda.

El tratamiento abarca la reprogramación nutricional con un plan de alimentación individual que esté dirigido a la recuperación del colon y al uso de medicamentos para los síntomas o para las infecciones genitourinarias. 

El común de la gente conoce a este problema como quistes de en los ovarios, sin embargo no es una condiciona absoluta su presencia. En cambio sí detalles clínicos relevantes los siguientes:

  1. Exceso de andrógenos, las hormonas sexuales predominantes en el barón
  2. Acné, también se relaciona con el nivel de andrógenos
  3. Hirsutismo, precisamente, por el exceso de andrógenos
  4. Ciclos anovulatorios y ciclos menstruales más de 30 días
  5. Infertilidad
  6. Síndrome metabólico: obesidad, hipertensión arterial, resistencia a la insulina, hígado graso, alteración del perfil lipídico
  7. Se puede presentar en mujeres con peso normal, incluso bajo para su estatura
  8. Tendencia familia o hereditaria. Si la gestante tuvo o tiene ovario poliquístico, la posibilidad de que sus hijas tengan el mismo problema es muy alta.
  9. Las mujeres con ovario poliquístico suelen mantener un estado crónico de inflamación sistémica, es decir, se mantienen inflamadas
  10. Mayor riesgo de diabetes gestacional y diabetes tipo II
  11. Aborto espontaneo

Su prevalencia varía de acuerdo a los distintos criterios de las escuelas médicas, pero en general oscila entre el 5 y el 17% de las mujeres en etapa fértil.

El síndrome de ovario poliquístico es la enfermedad ginecológica y endocrina más frecuente en mujeres en edad reproductiva. Su diagnóstico temprano radica en que se puede revertir, pero el conocimiento de sus causas nos permite prevenirlo.

La literatura médica no precisa muy bien sus causas, pero yo he podido observar, que el síndrome de ovario poliquístico de la adolescente o de la mujer joven se desarrolla con mayor facilidad en las mujeres con estados crónicos de inflamación. Por esta razón lo he visto frecuentemente asociado a las mujeres que durante su niñez sufrieron síntomas importantes de alergias y trastornos digestivos por intolerancias alimentarias. Si a lo anterior, se suma la obesidad, la probabilidad es mayor, sin embargo, no es una condición indispensable, el ovario poliquístico lo he visto en adolescentes y en mujeres jóvenes con peso normal, incluso muy delgadas, pero con los antecedentes que acabo de describir.

En términos de prevención, es de vital importancia tratar desde los primeros años de vida el fenómeno alérgico en todas sus expresiones clínicas y los trastornos de mala digestión, puesto que el mal funcionamiento intestinal es causa de inflamación sistémica, cuyo efecto en el sistema nervioso central puede ser la activación de los ejes neuroendocrinos productores de cortisol y andrógenos. Esto implica un plan de alimentación individual, acorde a las condiciones clínicas de la paciente. No es suficiente que sea saludable. Estos pacientes han tenido con frecuencia intolerancias alimentarias.

Un buen plan de alimentación y de actividad física desde los primeros años de vida, son condiciones ineludibles para evitar el ovario poliquístico, aun si hay un factor hereditario. 

Los TGIF se hacen presentes en cada una de las etapas del desarrollo del niño, algunos persisten de años atrás y otros aparecen por primera vez, por ejemplo, el dolor abdominal puede presentarse desde los primeros años de vida y persistir hasta la adolescencia, igual sucede con el estreñimiento. La dispepsia en cambio, puede aparecer desde la etapa escolar, pero es más frecuente de la adolescencia en adelante. L dispepsia se caracteriza por dolor o malestar estomacal después de las comidas, especialmente del desayuno y el almuerzo.Se asume que no debe existir daño orgánico que explique la causa, sin embargo, suele ala dispepsia se asocia frecuentemente a gastritis y a reflujo gastroesofágico.

Otro TGIF frecuente en esta edad es el síndrome de intestino irritable. Puede aparecer desde la edad escolar, pero es más frecuente de la adolescencia en adelante. Y qué casualidad, hasta una tercera parte de los pacientes pueden sufrir a la vez, dispepsia, síndrome de intestino irritable y reflujo gastroesofágico. Esto se debe a que el intestino en todo su trayecto se comporta como un solo órgano desde el esófago hasta el ano, de tal manera que puede haber una sumatoria o un traslape de síntomas de los tres grandes segmentos: tracto digestivo alto, medio y bajo.

El tratamiento básico es la reprogramación nutricional del paciente con un plan de alimentación individual. No es suficiente que sea saludable. En otras palabras, lo que es saludable para todo el mundo puede que no lo sea para el paciente.

La prevalencia de hígado graso en los niños obesos puede ser tan alta como el 70% y en los niños con peso normal hasta el 10%. Es otro problema que viene en aumento en los últimos tiempos.

La mayor parte de los casos se relaciona con la obesidad, pero hay un pequeño porcentaje cuyo peso es normal. La importancia de un diagnóstico precoz radica en la posibilidad de detener la aparición de los demás componentes del síndrome metabólico que suelen acompañar al hígado graso, son los siguientes:

  1. Hipertensión arterial
  2. Obesidad
  3. Alteraciones del perfil lipídico
  4. Diabetes tipo II

El origen del hígado graso como una complicación de la obesidad se debe básicamente al exceso de ácidos grasos en el torrente sanguíneo y a la resistencia a la insulina. Pero investigaciones recientes apuntan a que el origen principal, independientemente del peso, puede estar en los malos hábitos alimenticios y en el mal funcionamiento intestinal.

Es común que la dieta habitual de estos pacientes contenga un exceso de carbohidratos, de grasa saturada y falta de fibra. Todas estas situaciones se relacionan con disbiosis intestinal o sea con la alteración normal de la constitución de las bacterias intestinales. La disbiosis produce toxinas que afectan directamente la célula hepática.

Corroborando el efecto de la disbiosis, es frecuente el hígado graso en gente joven que ha tenido trastornos digestivos desde la niñez, por ejemplo, intolerancias alimentarias o síntomas de mala digestión, lo cual indirectamente reflejan disbiosis intestinal. Estos mismos niños tempranamente en su vida desarrollan alteraciones del perfil lipídico como niveles altos de triglicéridos y colesterol, lo cual es otra señal temprana de lesión hepática.

Tan importante es el concepto del mal funcionamiento intestinal en el origen del hígado graso, que algunos lactantes con intolerancia a las proteínas de la leche ya tienen un hígado aumentado de tamaño, señal de toxicidad hepática por un mal funcionamiento intestinal.

El acné vulgar es el trastorno cutáneo más común de los adolescentes, su una prevalencia es del 30% aproximadamente, con tendencia a aumentar en las últimas décadas, aun en el adulto de los 25 a los 50 años de edad.

Se caracteriza por un exceso de sebo en los folículos, inflamación local y presencia de la bacteria Propionibacterium acnés. Se puede presentar en la cara, en el pecho, en la espalda y eventualmente en el cuello y en los hombros.

Su origen exacto se desconoce, pero hay factores de riesgo que la medicina ha descrito, son los siguientes:

  1. Mayor estímulo androgénico, por eso es frecuente en la época de la adolescencia y en la mujer con ovario poliquístico
  2. Colonización del ducto secretor con el Propionibacterium acnés
  3. Inflamación local y sistémica
  4. Estrés psicosocial
  5. Malos hábitos alimenticios

Aparte del problema estético, el acné causa depresión, ansiedad, alteración profunda de la autoestima, desempleo, fobia social y eventualmente intento de suicidio.

En general, el tratamiento farmacológico se basa en compuestos a isotretinoína y debe ser formulada por un especialista. Sin embargo, todo paciente con acné debe cumplir con un plan de alimentación saludable. Los malos hábitos alimenticios son factores de riesgo para acné y para ovario poliquístico.

Una de las características comunes de la alimentación de los pacientes con acné es el exceso de carbohidratos, de comestibles fritos, de leche con cereal y pobre en alimentos ricos en fibra como las leguminosas y en antioxidantes como las verduras y las frutas.

Mi experiencia como pediatra y experto en nutrición es que tanto el acné como el ovario se pueden evitar con un plan de alimentación saludable que debe implementarse desde los primeros años de vida y a la par, un plan deportivo acorde a la edad del niño. El sudor producido por el deporte limpia la piel y consume el exceso de grasa, la cual es el sustrato del acné.